En el camino del amor propio, la salud va primero

En el camino del amor propio, la salud va primero

Aquí les va una historia personal y el motivo por el que dejé también de escribir en este blog.

Hace un año pasé por una enfermedad que puso mi vida de cabeza.
Empezó con síntomas leves hasta que una noche comencé a vomitar tanto que no podía parar. Literalmente, no podía dejar de vaciar mi estómago cada 10 minutos, al punto en el que sentía que ya no tenía nada más que expulsar. Terminé en urgencias.

A partir de ahí me esperaban tres meses de un largo camino, que pensamos solo duraría un par de semanas. Aproximadamente el 1% de las personas pueden complicarse de esta enfermedad y yo obtuve el boleto ganador.

No podía comer casi nada porque sentía que lo vomitaba, por lo que mi dieta se redujo a suero y frutas; acostada en mi cama la mayor parte del día porque no tenía energías para levantarme. Me hacían exámenes de sangre mínimo una vez a la semana, a veces dos o tres. Perdí 10 kilos de peso y toda la masa muscular que había tardado tres años en ganar en el gimnasio. No me sentía bien físicamente, pero tampoco emocionalmente.

Estaba asustada porque no sabía qué estaba pasando en mi cuerpo.

Llegamos al punto en el que los médicos generales que me veían me dijeron que ya no podían hacer más por mí porque no tenían una explicación para lo que me estaba sucediendo y su conocimiento llegaba hasta ese punto. Tenía que internarme en un hospital o ver a un especialista. Así que saqué todos mis ahorros del único año que llevaba trabajando y los invertí en el que me dijeron era el mejor especialista del país. Hacerlo fue un privilegio y la mejor decisión que he tomado.

Finalmente, como todo en la vida, lo malo pasó, me recuperé poco a poco y con el tiempo pude regresar a mi vida normal.

Como muchas mujeres, he tenido complejos con mi cuerpo desde siempre. Todavía los tengo. Porque nos han metido en la cabeza esta imagen perfecta de cómo debemos vernos.

A veces me veo en el espejo y me critico todo lo que creo que está mal. Que he aumentado de peso, que mi abdomen no es plano o mis piernas tonificadas y un gran etcétera. Pero luego, me acuerdo de lo que pasé hace un año y la perspectiva cambia.

Hoy mi cuerpo está saludable, me permite moverme a dónde quiero y sentirme bien por dentro. A veces se nos olvida que ESO vale más que vernos «perfectas».

La salud lo es todo. Parece mentira que hasta que pasamos por una enfermedad, nos damos cuenta del valor que tiene.

Hoy, en el contexto mundial que vivimos con un escenario de pandemia paralizando al mundo entero, valoremos más nuestra salud, tanto física como mental y aprendamos a amarnos a nosotrxs y nuestros cuerpos por lo que son y no lo que se supone que deben ser.

Definitivamente, en el camino del amor propio, la salud va siempre de primero.

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